Los movimientos finos del sonido. El persistente movimiento del gato. Los discos con recuerdos almacenados. Las fotos añejas y dañadas. La repisa de los juguetes olvidados. Las camas de los niños ya crecidos. El piso de madera con cera. La ventana sin vidrio. Las arañas de rincón. Los libros que nadie leyó. Los agujeros en la pared de adobe. Los cuadros pintados a mano. Tú, yo y todos...
están algo destrozado después de 19 años.